La ciencia ya trabaja en hacer llover en zonas con sequías pronunciadas

¿Es sobrenatural o milagroso generar lluvia de manera artificial?. Definitivamente no, para nada, esa posibilidad es tan factible que pasó a integrar desde hace tiempo el estrecho espacio donde la ciencia ficción y la realidad se dan la mano.

La falta de lluvias es un duro impacto para el avance de muchos países del mundo, jaquea su desarrollo productivo y desmorona la salud de las poblaciones. El cambio climático profundizó y extendió los “territorios secos” a otros puntos del planeta que hace un  par de décadas eran un vergel.

En este escenario la ciencia toma protagonismo y materializa lo que siempre estuvo entre los intereses del hombre: manipular el clima. Con décadas de investigación algunos, y otros un poco menos, una liga de países encabezados por Arabia Saudita apuesta a perfeccionar un método que permita hacer llover en una zona puntal de la geografía.

Los ensayos realizados buscan optimizar el procedimiento conocido como “siembra de nubes”. No es más que una forma de manipular el clima intentando cambiar la cantidad de precipitación de una nube (en forma de agua o nieve) o bien modificar el tamaño de los granizos. En cualquiera de los casos se utiliza un compuesto químico de sales que se inyectan en una nube, lo que provoca un cambio en la microfísica del cúmulo generando el efecto deseado (lluvia, nieve o granizos pequeños).

Descrito así parece un juego de niños, ¿por qué entonces no hacer llover cada tanto en la zona que se desee?. Porque no es sencilla su ejecución, requiere de ajustar una serie de variables técnicas que van desde el tipo de nube a sembrar, la concentración de productos químicos a inyectar, datos fiables de estudios de campo y una inversión varias veces millonaria en estaciones de monitoreo y equipamiento en radares de última generación.

Pero quizás el mayor problema roce la esfera política, por haber desconocimiento de cómo estos experimentos de intervención climática que se realizan en un determinado punto, pueda generar un “efecto mariposa” en otras zonas.

La experiencia más a mano que se dispone, es la que se realiza en Mendoza de manera discontinua. En la zona cuyana desde la década del 60 se siembran nubes para evitar que granizos de gran tamaño afecten las plantaciones de vid y frutales. Comunicación Institucional de la Universidad Nacional del Nordeste, tomó contacto para conocer esa experiencia con el doctor en Meteorología Jorge Rubén Santos, de la Universidad Nacional de Cuyo, quien trabaja en el análisis de fenómenos extremos de esa región mediante la simulación numérica.

“En Mendoza se viene realizando el sembrado de nubes desde hace décadas. En los 70 se aplicaba el método ruso, que utilizaba como vector unos cohetes que diseminaban ioduro de plata a una altura determinada de la atmósfera. Desde el 2000 se adoptó el sistema americano, que hace un poco más precisa la técnica, al utilizar un avión para inyectar en las nubes el agente químico que hará disminuir el tamaño de los granizos. La ventaja de este método es que se puede ir en busca de la nube correcta para realizar el “sembrado””.

De lo expresado por el doctor Santos se desprende que un primer detalle a tener en cuenta en este procedimiento es la elección de la nube correcta. No es en cualquier nube donde se inyecta por medio de bengalas el ioduro de plata, se las busca y selecciona adecuadamente mediante radares.

El radar ofrece al operador información mediante el fenómeno de reflectividad. Dicho de manera burda, llega a la pantalla la cantidad de energía que rebota en la nube. Con un concepto similar a los ecógrafos, se estudia la nube, teniendo en cuenta que cuanta más energía rebote habrá mayor cantidad de agua en condiciones de ser precipitada.

En relación a esto, el doctor Santos señala otro de los elementos prioritarios para la efectividad del procedimiento. “Hay que contar con mucha infraestructura, estaciones meteorológicas, un sistema de radares de última generación para medir zonas extensas y generar datos”.

“Son esos datos estadísticos, recopilados todos los años bajo una misma técnica lo que permite decir si el sembrado de nubes es efectivo o no. En Mendoza se está trabajando con los datos obtenidos a partir de radares, impactómetros y estaciones meteorológicas que han recopilado varios años de datos a fin de responder la gran pregunta referida a la eficiencia del sistema”.

 

Situación Histórica. La bajante del río Paraná es la más importante de los últimos 77 años. Su causa determinante es el déficit de precipitaciones que desde el 2019 están por debajo de las medias mensuales de los últimos 10 años.

¿Es descabellado pensar en sembrar nubes para hacer llover en las cuencas superiores del Paraná?. En función a lo expuesto por el doctor Santos, a mediano plazo sí, pero proyectando a futuro es una herramienta a la que deberá mirarse con más seriedad. Hay ciertas características del cambio climático que comienzan a predominar en la región y a las que habrá que dar soluciones, mientras tanto el desarrollo y ajuste del procedimiento irá evolucionando.

Pero al fin de cuentas luego de hablar del “sembrado de nubes” ¿cómo se hace llover artificialmente una nube?. El doctor Santos lo resume en una idea “de alguna manera es como estrujar a la nube, es decir quitarle humedad aumentando el tamaño de las gotitas o favoreciendo a que los procesos micro físicos se aceleren provocando la precipitación”.

Para estrujar la nube o sacarle humedad-dicho de forma poco ortodoxa- se utilizan sales (como iouduro de plata) que actúan como núcleo higroscópico. Como se señaló anteriormente, se selecciona la nube adecuada, asegurando de elegir una que contenga agua por debajo de cero grados.

“Las nubes deben tener un desarrollo vertical determinado. Su estructura no debe ser chata, de ser así, no son aptas para el sembrado ya que las pequeñas gotas que las conforman no crecerán en tamaño para que precipiten”, explicó el doctor Santos.

 

Mecanismo de Sembrado. ¿Qué ocurre en el interior de la nube cuando se siembra?. Al inyectarse polvo de sal (en la India se está utilizando este material higroscópico) dentro de las nubes, las pequeñas gotas de agua son atraídas por la sal, al unirse aumentan su tamaño en unos 40 micrones de diámetros, suficientemente grandes para precipitan. Indiscutiblemente aumenta el proceso de generar lluvia de esa nube, que no habría sucedido si no se la hubiera tratado.

De acuerdo a un estudio experimental realizado por Daniel Rosenfeld de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el sembrado con polvo de sal finamente molido es más productivo en dos órdenes de magnitud que las llamaradas con bengalas higroscópicas en la producción de núcleos de condensación de grandes nubes que puedan iniciar la lluvia.

Como parte de los experimentos de campo que permitió arribar a la conclusión, se utilizó un trazador de gas de hexafloruro de azufre (SF6) para identificar el volumen exacto de la nube sembrada y medir la dilución del polvo de sal. Los resultados arrojaron un alto porcentaje de dilución en las corrientes ascendentes (internas) a una altura mayor de 1 km sobre la base de las nubes.

Santos reafirma que el proceso requiere como condición necesaria, que la zona a querer hacer llover cuente con nubes de ciertas características, que después del proceso de sembrado, tenga una probabilidad muy alta de precipitar.

¿Con un sembrado, cuánto se puede hacer llover a una nube?. Están en debate los volúmenes de precipitación logrados. En función a los experimentos realizados en Arabia Saudita, Estados Unidos y Canadá el aumento de precipitación logrado en cada nube oscila entre el 10 y el 20 por ciento. “Ese porcentaje marca el efecto particular del sembrado, por arriba de lo que daría esa nube de manera natural?, explicó el doctor Santos.

Con respecto a las concentraciones del material higroscópico utilizado, polvo de sal finamente molido, ioduro de plata o sulfato de amonio, la cantidad está acorde a la región de sembrado. Algunos trabajos dan cuenta de utilizar 100 cm cúbicos cuando la experiencia se realiza en zona de mar, 1000 cm cúbicos en la superficie terrestre y varios miles por cm cúbicos en áreas afectadas por la actividad humana.

La ciencia va ofreciendo continuamente soluciones a los problemas que al hombre se les presentan o los genera en su diario vivir en el planeta. Nuevos materiales, mejores conductores, fármacos más efectivos, súper computadoras fueron impensados hace no más de tres décadas. ¿Quién está en condiciones de negar que en un par de décadas, esté regulado y legalizado poder hacer llover o nevar o evitar granizos cuando el medio ambiente lo requiera?.

 

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